Cómo Funciona La Economía Para Dummies – Resumen Del Capítulo 13

Y otro día más estamos acá, con un resumen para ustedes. Hoy, el capítulo 13 de Cómo funciona la economía para Dummies.

En él, el autor nos hablará del derecho de propiedad:

Capítulo 13 – Lo mío es mío

En los anteriores capítulos hemos dado un vistazo a lo que es la microeconomía, pero hay un concepto que es primordial para entender realmente de qué va todo esto. Siempre estamos hablando de “mis” cosas: mi casa, mi coche… El coche es mío, porque me ha costado mi dinero. Pues de la propiedad te voy a hablar aquí.

Propiedad con sentido común

Si vendo algo, quiere decir que hay algo que es de mi propiedad, que según la RAE es el “derecho o facultad de poseer alguien algo y poder disponer de ello dentro de los límites legales”.

Pero ¿realmente es un derecho? ¿Acaso la propiedad no ha sido fuente de conflictos y guerras a lo largo de toda la historia? Sin duda, es así. Pero también lo es que sin ese sentido de la propiedad, presente en el ser humano desde los tiempos más remotos, no seríamos lo que somos: el poseer algo y el querer poseer más son dos de los motores más infalibles que hay.

El derecho de propiedad no se puede dejar al arbitrio de la ley del más fuerte. El mismo Adam Smith consideraba que los gobiernos debían definir los derechos de propiedad si querían que los mercados produjesen resultados beneficiosos para el conjunto de la sociedad:

Si los derechos de propiedad no se establecen correctamente, una persona no tendrá en cuenta la manera en que sus actos pueden afectar al resto de la comunidad.

¿Cómo?

Imagina que hay dos terrenos; uno de ellos es propiedad de un vecino mío que ha conseguido todos los permisos necesarios para convertirlo en un basurero, mientras que el otro es un terreno que no pertenece a nadie.

Para sacar partido a su terreno mi vecino cobra a la gente una cantidad por dejarles tirar la basura en él. Puede ocurrir que alguien no quiera pagar y se acuerde de que hay otro terreno cerca que no es de nadie y en el que puede tirar sus desperdicios. Al cabo de poco tiempo, su ejemplo es seguido por más gente. Ese terreno virgen quedará en poco tiempo convertido en un estercolero ilegal que acabará provocando un perjuicio a la comunidad en forma de malos olores, suciedad y bichos indeseables.

De todo ello se deduce que si el derecho de propiedad no está bien regulado, pueden darse abusos de todo tipo.

Vamos a externalizar

Los economistas dan el nombre de externalidades a los efectos, costes y beneficios que recaen no en las personas que llevan a cabo una actividad concreta, sino en otras ajenas a ellas. Pueden ser externalidades:

  • Positivas: beneficios que recibe la persona no involucrada directamente en una acción. Nosotros tenemos un vecino que es apicultor. Sus abejas le dan miel, pero esas mismas abejas también polinizan los cultivos de los agricultores de los alrededores, de forma que se incrementan sus cosechas.
  • Negativas: repercusiones que representan un coste para aquella persona que no está metida de lleno en la actividad que sea. No muy lejos de donde vive mi vecino hay una fábrica de cemento. Los que viven alrededor seguro que sufren el polvillo, el ruido, la suciedad y la contaminación.

Muchas veces a la hora de producir no se tienen en cuenta las externalidades negativas. Son casos en los que el derecho de propiedad de una persona pasa por encima de los derechos de muchas otras: puede ser que la casa de esa gente esté en un sitio concreto afectado por esa externalidad negativa: esa discoteca que hace ruido y no deja dormir en toda la noche, o esa fábrica que contamina y nos deja todo hecho un asco.

Si alguien fuera dueño de la atmósfera, por ejemplo, los de la cementera próxima a la casa de mi amigo tendrían que pagar una cierta cantidad por el derecho a contaminar. Pero como la atmósfera no es propiedad de nadie, pues puede hacerlo.

¿Por qué no prohibir?

Cuando una cosa nos perjudica, la tentación es prohibirla. Pero no es tan fácil hacerlo, porque en el fondo es una forma de coartar la libertad del individuo.

Un caso evidente es el de los automóviles. Todos tenemos uno, y sabemos que contaminan: ¿deberíamos prohibirlos? Considero como tú que eso sería un disparate. Aunque sólo fuera porque con esa medida eliminaríamos las ambulancias, los coches de la policía o los de bomberos, cuyas externalidades positivas son superiores a las negativas.

Incluso la cementera próxima a la casa de mi amigo tiene su razón de existir: contamina, pero ofrece trabajo a mucha gente de los alrededores y además permite que otras personas se construyan una vivienda.

A cada caso, su respuesta

Lo que hay que hacer es valorar cada caso y a partir de ahí, juzgar y actuar para que lo positivo se imponga a lo negativo.

¿Cómo?

  • Aprobar leyes que restrinjan esas actividades que provocan externalidades negativas e, incluso, las prohíban cuando éstas sean espantosas o criminales.
  • Aprobar otras leyes que obliguen a quienes generan esas externalidades negativas a reducir su impacto.
  • Imponer tasas o impuestos a aquellos que generen esas externalidades negativas para que les duela un poco en el bolsillo hacer lo que hacen y así lo hagan menos a gusto.

Lo privado frente a lo comunitario

Lo que es mío y lo que es de todos a veces provoca conflictos, incluso auténticos desastres en el ámbito productivo; porque todos tendemos a procurar nuestro provecho sin tener en cuenta el de los demás.

Pongamos que poseo un terreno y unas vacas. Nada más lógico que llevarlas a pastar allí. Procuro llevar pocos animales para que no me estropeen de golpe el pasto y pueda sacarle provecho durante más tiempo. Pero a las afueras de San Quirico hay otro terreno. Es de todos. Mis vecinos también tienen sus vacas y es una tentación para ellos y para mí llevarlas a ese terreno comunal. Total, no nos va a costar nada. Pero ¿qué pasa? Pues que en menos que canta un gallo aquello estará lleno de vacas que lo devorarán todo. ¿Y luego qué? Pues a fastidiarse, porque el que no tenga un terreno como yo tendrá que comprar forraje fuera o pagar a alguien que le deje un rinconcito en su pastizal para que sus vacas coman algo fresco.

En un terreno privado el dueño busca un equilibrio entre el coste y el beneficio. Hay un incentivo personal. Éste, en cambio, no se da en el terreno comunitario. El incentivo aquí es inmediato: si hay mucho pasto, llevo las vacas antes de que las lleve el vecino y acabe con la hierba. A la postre, el terreno se arruina sin remedio y para todos. Esto es lo que los economistas llaman la tragedia de los comunes.

El derecho de propiedad protege el medio ambiente

Piensa en el terreno de las vacas del que te hablaba. El terreno privado está protegido. En cambio el comunitario, no. Pues bien, eso se puede extrapolar a otros ámbitos. Al mar, por ejemplo. Los atunes rojos que nadan en él no son de nadie y así les va. Se pescan de forma indiscriminada hasta el punto de que la especie se encuentra hoy al borde de la extinción.

Muchas especies extinguidas o en peligro de extinción son el resultado de una falta de derechos de propiedad. Los pescadores, que no son dueños de los atunes, los pescan de forma indiscriminada, no vaya a ser que se acaben; y lo hacen porque si no los pescan ellos vendrán otros.

Se trataría, pues, de cambiar la legislación sobre derechos de propiedad y, en el caso concreto de los atunes, transferir a los pescadores los derechos de propiedad sobre un área de pesca y los peces que en ella viven. Eso daría a los nuevos dueños el incentivo adecuado para explotar ese espacio de una forma racional y sostenible. El miedo a que llegue otro que le arrebate los preciados peces desaparece. Será un coto suyo y explotarlo es su responsabilidad y que, por lo tanto, debe hacer lo posible y lo imposible para que rinda, sin sobreexplotarlo ni agotarlo.

No obstante también es verdad que en este caso entrarían en colisión otros aspectos, como las fronteras nacionales en el mar o qué hacer con los peces que migran entre continentes. Sea como sea, extender los derechos de propiedad a las especies animales no es fácil, aunque como idea es interesante para un debate.

Y esto fue todo por hoy.

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Un saludo, lector.

Cómo Funciona La Economía Para Dummies – Resumen Del Capítulo 12

¡Nueva entrada! Hoy, el resumen del capítulo 12 del libro que nos viene acompañando ya varias semanas: Cómo funciona la economía para Dummies.

En este, Leopoldo Abadía nos habla con más detalle sobre los mercados y la competencia.

Sin más, aquí está:

Capítulo 12 – La magia de los mercados y la competencia

Las empresas no están solas en el mundo, sino que forman parte de una industria competitiva; hay muchas otras empresas que luchan entre sí para intentar colocar sus productos; y todas buscan ganar el máximo dinero posible a base de maximizar los beneficios.

¿Y dónde venden? Pues en los mercados:

La panacea de los economistas

Para los economistas, los mercados competitivos libres son lo mejor. Eso sí, sólo lo son cuando funcionan bien, cuando detrás de ellos hay personas que se preocupan por las personas, no caraduras que lo único que quieren es especular.

Gracias a la competencia que implica la propia mecánica de los mercados:

  • Se produce al mínimo coste posible, de forma que no hay desperdicio ni ineficiencia.
  • Los beneficios superan a los costes (sólo se obtienen productos que hacen que el mundo sea mejor).

Hace falta tener mucho optimismo o ingenuidad para creerse a pies juntillas esas dos afirmaciones. Sobre todo cuando se ve la alegría con la que malgastamos recursos, bienes y servicios, con la que contaminamos o con la que producimos auténtica basura que nos embrutece como seres humanos.

La antítesis del capitalismo

Hubo un tiempo en que el mundo estaba dividido en dos grandes bloques que se caracterizaban por defender dos modelos opuestos de sociedad y de régimen económico. Por un lado, el capitalista u occidental; por otro, el socialista u oriental. Al primero ya lo conocemos. Pero ¿el segundo? En estado puro quizá sólo se puede encontrar hoy en Corea del Norte, porque incluso otros países como China o Cuba, que presumen de comunistas, están dejando paso a economías de mercado. Pero hubo una época, no tan lejana, en que era el sistema de un buen puñado de países europeos, entre ellos algunos que forman parte de la Unión Europea, como Checoslovaquia. Hungría o Polonia. O parte de Alemania. Su principal rasgo en lo que a la economía se refiere era que todo, absolutamente todo, se planificaba. Era el gobierno el que marcaba las directrices de lo que había que producir y a qué precio había que vender. “Como todas las personas son iguales, todas tienen el mismo derecho a disfrutar de una misma porción de bienes y servicios.” Ésa era la teoría; la práctica era muy otra: una escasez que lo invadía todo y que se traducía en largas colas de gente ante las tiendas. Y, como es lógico, los que llegaban primero acababan haciéndose con más unidades del producto que se ofrecía. La culpa de esto la tenían los planificadores, gente que trataba de determinar la cantidad exacta que había que producir de todo; y todo significa todo. No sólo cuántos kilos de carne, de barras de pan, de leche o de huevos, sino también de cuchillos para cortar esa carne y ese pan, de hueveras; y también de tapones, tornillos, gomas, lápices, papel higiénico, sillas… ¡Hasta obras maestras del cine! Los planificadores tenían que planificar todo tipo de ítems, unos 24 millones según algunos cálculos. No sólo eso, sino que también había que planificar cuánta gente era necesaria para producir algo, cuántos vagones de tren se necesitaban para el transporte… Una tarea imposible que se tradujo en una nefasta gestión y un despilfarro de los recursos. Así, no es extraño que el sistema socialista se colapsara a finales de la década de 1980, ¿para bien? Sinceramente, creo que sí.

Si hay buenas personas, habrá buen capitalismo

Soy de los que consideran que el sistema capitalista es sano, si:

  • Se da cuenta de que las unidades de producción son Personas.
  • Respeta a esas personas, una por una.
  • Procura que trabajen en serio para que la empresa gane dinero honradamente.
  • Demuestra con los hechos que la empresa no es sólo el capitalista, sino todos.

La belleza de los mercados

Las condiciones que deberían cumplirse sí o sí para que los resultados de los mercados sean óptimos:

  • Todos los compradores y vendedores tienen acceso a información detallada y fidedigna sobre lo que compran.
  • Los compradores sólo pueden acceder a ese bien o servicio pagándole al vendedor en virtud de los derechos de propiedad.
  • El precio de mercado va predeterminado y todos han de aceptarlo. Lo que no impide que ese precio se pueda ajustar libremente según la ley de la oferta y la demanda.

Esto es básico, si la gente no acepta comprar, sino que prefiere entrar en la tienda y agenciarse por libre el kilo de manzanas, pasar luego a la perfumería y coger un Chanel 5, la cosa tiene mala pinta. Sobre todo porque acabaremos sin tener manzanas ni perfumes porque ningún vendedor estará dispuesto a suministrar nada.

Producir tiene unos costes

Los mercados deben tener en todo momento en cuenta los costes y beneficios de producir y consumir una cantidad dada de un bien o servicio. Por ejemplo, contaminar no es gratis. Es cierto, lo es en muchos países, pero en los de nuestro entorno si una fábrica tiene que contaminar para producir, tendrá que pagar una cuota especial, que tendrá luego su reflejo en lo que deberemos pagar por ese bien. Los economistas ortodoxos ven esto como una interferencia indeseable de los gobiernos en la libertad de los mercados.

Los mercados sin libertad

Cualquier cosa que interfiera en la capacidad de los mercados para alcanzar un equilibrio y producir las cantidades de bienes y servicios reclamadas reduce los beneficios. Los dos principales obstáculos (con los gobiernos como culpables) son:

  • Precios techo: los gobiernos imponen un precio máximo al que se puede vender un bien o un producto.
  • Impuestos: aumentan artificialmente los costes de producir y consumir los bienes. Afectan negativamente al mercado porque la gente puede comprar una cantidad menor de estos.

A las pérdidas de beneficios generadas por los precios techo y los impuestos, los economistas las llaman pérdidas de peso muerto. No es aquello tan típico de “tu pérdida es mi ganancia”, en la que algo, un beneficio y un perjuicio pasan de una persona a otra, sino que la pérdida es aquí total.

Piensa que el gobierno ordena que el precio máximo de la barra de pan sea de 50 céntimos de euro; ése es un precio techo, que afecta a los productores, a los que ya no les será tan rentable producir pan. El equilibrio entre oferta y demanda se rompe entonces porque la producción baja, se reduce hasta donde es rentable. En cambio, si no existiera ese precio techo, el mercado operaría libremente y los productores elegirían la cantidad a producir. Esa diferencia entre la cantidad que se produce con un precio techo y la que se produciría sin él es la pérdida de peso muerto.

El panorama es idéntico en el caso de un impuesto: afecta al precio final que paga el consumidor. Si no hubiera ese impuesto, se produciría más, porque se vendería más. Esa diferencia entre la producción sin y con el impuesto es la pérdida de peso muerto.

Los mercados también fallan

El principal fallo del mercado es que hay bienes y servicios de los que hace caso omiso pero que para nosotros, como clientes, tienen mucho interés.

Hay dos causas principales que provocan esta situación. Por un lado, la información asimétrica; por otro, los bienes públicos.

La información es poder

Pongamos que mi vecino quiere adquirir una furgoneta de segunda mano. Se presenta en un concesionario y un amable vendedor le muestra algunos vehículos que se ajustan a lo que mi amigo quiere. Uno en particular le atrae, y el vendedor, que lo ve, no tarda en deshacerse en elogios: “Realmente tiene usted vista, porque esta furgoneta es una maravilla. Acaba de llegarnos y como puede ver por el cuentakilómetros está casi por estrenar…”

¿Dónde está el problema? Pues que aquí el vendedor cuenta con la ventaja de poseer una información que el comprador no tiene: sabe si antes sufrió un accidente, si tuvieron que cambiarle el motor porque era defectuoso, si corrigieron el cuentakilómetros… Información muy valiosa que puede administrar, u ocultar, sin que mi amigo pueda hacer nada, fuera de confiar en su palabra.

Por esa desconfianza que se genera entre vendedor y comprador puede llegarse a una negociación por el precio que acabe con que el producto se quede dónde está, sin venderse.

Hay que exigir un poco de honestidad

Eso es la información asimétrica; si lo hubieran llamado “hay que ser honestos y decir siempre la verdad sobre nuestros productos”…

Lo mismo ocurre en muchos de esos productos que nos ofrecen los bancos y que los han llevado a la ruina y al descrédito mundial.

Pero también puede pasar al revés, que el comprador tenga más información que el vendedor. Un caso evidente es el de una póliza de seguro de vida. El que la compra puede que sepa que le quedan apenas tres meses de vida y oculte esa información.

El comercio se resiente

La consecuencia directa de la información asimétrica es que la actividad comercial sufre y llega a quedar limitada o incluso anulada.

Esa desconfianza no es sólo de mi amigo, sino de todos, por lo que el miedo a que nos vendan un mal vehículo hace que otros muchos buenos se queden por ahí esperando. El mercado, por lo tanto, se paraliza. Lo mismo ocurre en el caso inverso de los seguros.

Esa situación de fallo de mercado provoca que, para determinados bienes o servicios muy sujetos a la información asimétrica, no haya casi comercio.

Aquello que los mercados olvidan

La información asimétrica es uno de los grandes problemas con los que se encuentran los mercados. Pero otro es el de los bienes públicos. Son rentables para la sociedad pero no para los empresarios:

  • Una persona puede consumir ese producto sin que ello suponga que otra persona consuma menos del mismo producto. El consumidor no es rival de otro consumidor para disfrutar de ese bien.
  • Da igual que pagues o no pagues por ese bien, lo disfrutarás igualmente.

Ante estas circunstancias, es un poco iluso esperar que la iniciativa privada se dedique a apostar por estos bienes. Sí, una empresa privada será la que haga realidad ese castillo de fuegos artificiales, pero lo hará sólo porque el ayuntamiento le habrá pagado por ello y lo habrá hecho con los impuestos de la gente, de la que irá al espectáculo y la que no. En cuanto a la empresa, en cuanto reciba el dinero tanto le dará que vayan diez mil o cuatro personas. Ella cobrará por la acción.

La defensa del país por parte del ejército es otro de esos bienes públicos, que protege incluso a los que les gustaría no invertir un céntimo en armas. Y lo mismo los parques, las vías públicas, el sistema de alcantarillado, la televisión en abierto…

A la búsqueda de la competencia perfecta

El mercado sólo producirá algo si los beneficios son, al menos, tan grandes como los costes.

Gracias a los mercados libres y la competencia, la producción se hace al menor coste posible. Algo que a mí siempre me trae a la cabeza una imagen menos positiva: la de gente explotada en países de eso que hemos dado en llamar el Tercer Mundo, por multinacionales de aquí, de nuestro supuesto Primer Mundo.

El cliente es el beneficiado

Las empresas tienen que competir para sacar lo mejor de ellas mismas.

La competencia perfecta en el mundo de los mercados se da cuando existen varias o muchas empresas que producen algo igual o parecido. Eso las hace competir, buscar cómo reducir los costes de producción, si es posible sin sacrificar la calidad del resultado, todo a fin de obtener unos precios que puedan ser atractivos para el cliente.

De obrar así, posiblemente ninguna empresa se hará de oro porque no podrá abusar de esa posición de privilegio que le daría no tener competencia alguna. Pero no cabe duda de que el principal beneficiado será el cliente, que encontrará un buen abanico de marcas de un mismo producto entre las que escoger sin que ello suponga un atraco a su bolsillo.

Unas siguen, otras se van

Como es lógico, no todas las empresas que se dediquen a un sector podrán sobrevivir. Sólo los mejor adaptados al medio seguirán adelante. En el ámbito empresarial todo depende de que se tengan o no beneficios. Si los hay lo más probable es que nuevas empresas se sientan atraídas hacia ese sector, e incrementarán la competencia, de modo que el precio del producto bajará y con él, los beneficios.

Si, por el contrario, no hay beneficios o si son muy pequeños, pasa todo lo contrario: algunas de las empresas bajarán la persiana porque no podrán hacer frente a la competencia. Entonces puede darse el caso de que las que queden, al verse con menos rivales, aumenten los precios y, de ese modo, también sus beneficios.

El mercado, pues, está siempre ajustándose. Y el principal beneficiario será siempre el cliente.

Pero ¿Qué pasa si no hay competencia?

Vivir sin competencia, ¿sueño o pesadilla?

Lo contrario de la competencia es el monopolio. Según el diccionario de la RAE, significa: “Concesión otorgada por la autoridad competente a una empresa para que ésta aproveche con carácter exclusivo alguna industria o comercio” (acaparamiento).

En una situación de monopolio, la empresa no tiene competidor alguno en aquella área a la que se dedica. La posición de privilegio puede llevarla a comportarse de manera arbitraria o despótica, aumentando los precios a placer o reduciendo al máximo la producción, todo para conseguir el máximo beneficio posible. Aunque no todo en los monopolios es negativo. Incluso hay gobiernos que los incentivan en algunos casos específicos.

¿Por qué es negativo el monopolio?

  • Se produce menos.
  • Los productos se venden a un precio superior.
  • La producción se obtiene a un coste mayor y menos eficientemente.

El principal perjudicado de esta situación no es otro que el consumidor.

Pero también hay monopolios “buenos”

A pesar de que pueda parecer sorprendente, efectivamente hay monopolios positivos:

El monopolio más beneficioso para la sociedad es el de las patentes, es decir, el derecho que tienen los inventores a beneficiarse del fruto de su ingenio durante al menos veinte años, momento en que sus invenciones pasan a ser de propiedad pública y.

Si no fuera por esas patentes, seguramente nadie inventaría nada. Porque cualquier buena idea podría ser robada por otro que la comercializara, de modo que el inventor acabara sin sacarle provecho alguno a su inversión de tiempo, esfuerzo y dinero. De ahí la importancia de este monopolio, que da una seguridad a los inventores para que sigan creando y mejorando nuestra vida.

Además, hay que evitar duplicidades de servicios

Hay servicios, como el de la recogida de basuras, que sería absurdo dejar abierto a la libre competencia. Consecuentemente, los ayuntamientos dan el monopolio a una empresa, que es la que se encarga de realizar ese servicio, y que debe cumplir con unas normas reguladoras que impone el ayuntamiento, como contratante. Algo parecido pasa con el suministro del gas, de televisión por cable o de telefonía.

A los monopolios no hay que dejarlos solos

Hay monopolios que valen la pena. Pero para asegurarse de que lo sea, hace falta que el gobierno los regule y controle con:

  • Subsidios: como los monopolios producen menos de lo que la sociedad pide, el Estado puede conceder un subsidio para que la producción aumente.
  • Imposición de una producción mínima: si el monopolio depende directamente del Estado, éste puede imponer que se produzca más.
  • Marcar los precios: establecer el precio al que el bien o servicio debe venderse. Eso sí, el Estado debe mirar muy bien qué precio impone, porque de ser muy bajo podría darse el caso que la empresa quebrara.

Si al final resulta que esto de tener un monopolio acarrea más desventajas que ventajas, siempre se puede fraccionarlo en una serie de pequeñas compañías que compitan entre sí para ofrecer el mismo servicio.

No es monopolio, pero casi

Pero la libre competencia, en la que cada uno va por su lado para intentar hacerse con un trozo del pastel, y el monopolio, sólo son los protagonistas extremos del Mercado; hay otro personaje que reclama también su cuota de atención: el oligopolio.

Según la RAE, oligopolio viene a ser una “concentración de la oferta de un sector industrial o comercial en un reducido número de empresas”. Hay tan pocas empresas que se dedican a ellos, que el funcionamiento es casi el de un monopolio.

Lo peor del caso es que, además, estos oligopolios se centran en sectores de esos que podríamos llamar estratégicos, como la producción de petróleo. O las consolas de videojuegos o las bebidas refrescantes.

Una gran capacidad de adaptación…

Lo que distingue a las industrias oligopolísticas es su milagrosa capacidad de adaptación: lo mismo pueden lanzarse a degüello contra el adversario que establecer lazos de fraternidad que las conviertan en un monopolio de facto.

… y un escaso margen de maniobra

Pero, al mismo tiempo, la libertad de los oligopolios es reducida. Pongamos que en España el mercado de la gaseosa se lo reparten entre dos compañías. Pues si una de ellas decide inundar el mercado con su bebida, eso hará que el precio de la gaseosa en general se desplome. Estas empresas a la larga o a la corta se ven obligadas a decidir si apuestan por la confrontación o por la convivencia:

  • En caso de confrontación, aumentan la producción para vender más barato que el otro y quitarle todos los clientes posibles. El beneficiado es el consumidor.
  • En caso de convivencia, disminuyen a la par la producción para que los precios aumenten y, con ellos, los beneficios. El perjudicado es el consumidor.

Lo normal, en todo caso, es la confrontación. De ello dan cuenta las agresivas campañas de publicidad en que las empresas se gastan millones y millones de euros.

Los imitadores del monopolio

Hay un caso flagrante de imitador del monopolio: los cárteles. Según la RAE, es un “convenio entre varias empresas similares para evitar la mutua competencia y regular la producción, venta y precios en determinado campo industrial”.

El más conocido  es el del petróleo. Tiene incluso un nombre: Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). En él se unen empresas de distintos países para formar un monopolio que dicte al resto del mundo el precio que hay que pagar para poner gasolina al coche.

El problema de un cártel es que siempre surgen problemas sobre:

  • La distribución de los beneficios, cada empresa componente del cártel quiere una tajada lo más grande posible.
  • Las cuotas de producción, cada empresa no puede producir lo que le venga en gana, sino que tiene que seguir el criterio establecido por el cártel.

La OPEP es un claro ejemplo de esos problemas; las empresas representadas se reúnen, negocian, establecen las cuotas de producción y los precios a los que venderán cada barril, pero muchas veces sus decisiones son flor de un día y no falta el socio que se las salta a la torera mirando más por su propio beneficio que por el del grupo.

Y este fue el resumen de hoy.

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Un saludo, lector.

Cómo Funciona La Economía Para Dummies – Resumen Del Capítulo 11

Bien, llegamos con otro capítulo resumido del libro de Leopoldo Abadía, el 11.

Sin más, acá lo tienen:

Capítulo 11 – Cómo funciona una empresa

Una empresa necesita un seguimiento constante, un trabajo diario en el que tienes que tener en cuenta cuánto has vendido, cuánto has pagado a los proveedores, incluso cuánto te cuesta abrir la empresa antes de que se te presente el primer cliente.

La cuenta de resultados

Esto, llevar los números al día, se llama cuenta de resultados:

  1. Tu empresa vende suministros por a euros.
  2. Esos suministros te han costado b euros.
  3. La diferencia entre a y b es el margen bruto (c).
  4. c tiene que ser suficiente para pagar:
  5. Lo que cuesta el personal, que es d euros. (A lo que cobra hay que añadir lo que la empresa debe pagar por la Seguridad Social de esas personas).
  6. Lo que cuestan la electricidad, el teléfono, el material de oficina, los transportes… En total, e euros.
  7. Si a c le restamos d y e, queda una cantidad f a la que llamaremos EBITDA, (o resultado de explotación). EBITDA se trata de las iniciales de:
  8. Earnings (beneficios)
  9. Before (antes de)
  10. Interests (intereses)
  11. Taxes (impuestos)
  12. Depreciation (depreciación)
  13. Amortization (amortización)  
  14. A riesgo de ser un pelín inexactos, vamos a considerar que depreciación y amortización son lo mismo.
  15. Pues al EBITDA le restamos los i (intereses) y queda el EBTDA.
  16. Al EBTDA le restamos las d y a (depreciaciones y amortizaciones) y nos queda el EBT.
  17. Pagamos los impuestos y nos queda el beneficio neto.
  18. De ese beneficio neto, el dueño se puede llevar a casa algo (dividendos) y dejar el resto en la empresa (reservas).

Esto es para una empresa su cuenta de resultados; también es el modelo que recomiendo aplicar a la hora de llevar la economía doméstica. En el fondo, todo es lo mismo.

Vender la empresa

Hasta ahora lo de los paraguas no parece haber sido una gran idea.

Pero la realidad es sorprendente y resulta que ahora el negocio ha empezado a animarse. Más aún, va como un tiro. Tanto que el de Myanmar ha tenido que ampliar la fábrica y contratar a doscientos lugareños.

De resultas de esto, he podido devolver los créditos. El director de la caja de ahorros de San Quirico es ahora la cordialidad personificada.

A la bolsa

El dinero llama al dinero, y por mucho que me entre en las arcas necesito más para que la propia empresa siga creciendo. Alguien me dice entonces que por qué no salgo a bolsa.

Salir a bolsa significa vender un trozo de tu empresa, o toda tu empresa. Se abren aquí dos posibilidades:

  • Si la empresa se vende a una persona o a una sociedad se dice que “se ha vendido”. (Negocio con el vendedor).
  • Si se vende a muchas personas a la vez, se dice que “ha salido a bolsa”. (Ofrezco un trozo de mi empresa a la gente).

En cualquier caso, contrato a unos señores de esos que saben valorar las empresas y les pregunto a cuánto puedo vender el 49 %. Uno de ellos me explica que:

  1. Mi empresa está ganando mucho dinero.
  2. Que, lógicamente, seguirá ganando dinero. (Aunque esto puede no ser así)
  3. No se puede comparar mi empresa con otras similares, porque no las hay.
  4. Además, he creado muchos puestos de trabajo en San Quirico, donde están las oficinas centrales y otros muchos puestos de trabajo en Myanmar.

Todo esto son valores que hay que tener en cuenta. Y eso que mi empresa es única en el mundo. Si no lo fuera y hubiera otras y se hubiera vendido alguna, sabría en qué orden de cifras me puedo mover a la hora de negociar una posible venta. A malas, siempre podría recurrir a una fórmula especial: la del PER 10.

Multiplicar por 10 los beneficios

PER está formado por las iniciales de Price Earning Ratio, o sea, la cantidad por la que quieres multiplicar los beneficios a la hora de poner un precio de venta. Así, un PER 10 significará que quieres multiplicarlos por 10.

Yo estaba en el consejo de una empresa. Un día empezaron a hablar de una oferta de compra de la empresa que les había llegado. En aquel momento el presidente, que era propietario de toda la empresa, dijo que él no estaba dispuesto a vender más que por un per 10.

El propietario quería multiplicar los beneficios de su empresa al año por diez años. Quería que alguien estuviera dispuesto a poner 6000 millones que podría recuperar en diez años si el negocio seguía yendo como hasta ahora, es decir, con unos beneficios anuales de 600 millones.

¿Consiguió su propósito? Pues la verdad es que sí, vendió la empresa por un PER 10.

Cuando los compradores son cientos

Lo dicho anteriormente funciona cuando se vende a una sola persona o grupo empresarial. Pero, salir a bolsa es vender la empresa a cientos o miles de personas.

Aunque, el proceso que hay que seguir es el mismo. Se trata de lanzar una oferta pública de venta de acciones (OPV). Hecho esto, se calcula a cuánto se puede intentar vender, se hace un poco de publicidad que alardee de lo bien que va la empresa y normalmente te dicen que las acciones se pueden vender entre XX y ZZ euros (la horquilla). Tú entonces calculas el 49 % de XX y el 49 % de ZZ y, si te gusta, aceptas. Si no te gusta, dices que por las condiciones del mercado retrasas la salida a bolsa.

Pero imaginemos que saco la empresa a bolsa, y todos felices si ese trozo de compañía que se pone a la venta, concretado en acciones, se vende bien.

Pero no todo es de color de rosa

Hemos hecho un buen negocio, aunque pueden ocurrir varias cosas:

  • Que si el propietario se ha quedado con el 51 % se crea que todo es como antes. No lo es porque tiene 3000 accionistas que quieren que la empresa vaya bien… quieren dividendos, y además quieren que suban las acciones.
  • El ex propietario de todo tiene ahora que informar a la Comisión Nacional del Mercado de Valores cuando se producen hechos relevantes; por ejemplo, si decide vender un 7 % del 51 % que le ha quedado.
  • Que se dé el síndrome del next quarter, que quiere decir que, como los accionistas exigen que las acciones vayan bien, los directivos tienen tentaciones de hacer alguna trampilla contable para que los resultados del próximo trimestre sean brillantes.
  • Que el propietario saque a bolsa el cien por cien. En ese caso, el viaje a las Bermudas está casi asegurado.
  • Que los accionistas exijan que el ex propietario se quede de director general porque lo hace muy bien. Si él se lo cree y sigue, puede creer que todo es como antes: que puede hacer y deshacer como cuando era el dueño de verdad. Pero ya no lo es, porque debe rendir cuentas ante un consejo.

Dicho esto, ¿qué me dices? ¿Vendo o no vendo mi empresa de paraguas?

Bueno, y hasta acá el resumen de hoy.

¿¿No te gustaría perderte ningún resumen más? Bien:

Un saludo, lector.

Cómo Funciona La Economía Para Dummies – Resumen Del Capítulo 10

Otro miércoles más con un resumen del libro Cómo funciona la economía para Dummies, de Leopoldo Abadía. ¡Ya van 10 capítulos!

Hoy, entonces, el resumen del capítulo 10, el más largo hasta el momento.

Les dejo con ello:

Capítulo 10 – Vamos a montar una empresa

¿Has pensado alguna vez en hacerte empresario? A lo mejor también tú eres una persona con iniciativa a la que le gustaría probar suerte en este campo. No te preocupes tanto por el dinero en un primer momento. Muchas veces, cuando a alguien se le ocurre algo, oigo decir: “Pero para eso hace falta mucho dinero”… Pero, ¿Cuánto? Porque si consigo traducir el “mucho” al “cuánto”, igual me resulta más fácil conseguirlo.

¡Vamos a ello!

Quiénes forman parte de la empresa

En ella siempre hay personas que se ocupan de diversas cosas:

  • Los que han puesto las perras. Por ejemplo yo, que tengo cien acciones del Santander, me interesa que el Santander vaya bien.
  • Los señores que los de las perras hemos contratado para que dirijan la empresa y les den muchas perras. Es obligatorio que sepan del negocio y sigan aprendiendo.
  • Los señores que los que dirigen han contratado para que les ayuden a hacer el trabajo. Que también tienen que saber del negocio y continuar aprendiendo.

Toda esta gente va en el mismo barco y, por lo tanto, a todos tiene que interesarles que aquello funcione bien.

En la empresa, todos han de cobrar:

  • El que ha puesto las perras, porque podía haberlas puesto en otro lado y el directivo de turno y los empleados de turno se hubieran quedado sin empleo. O sea que aquí capitalistas somos muchos, y no sólo esos señores que llevan chistera, cadena, reloj de oro y fuman puros.
  • Los que dirigen esa empresa.
  • Los que trabajan en esa empresa como empleados y no dirigen. (No dirigen oficialmente, porque en las empresas casi todos lo hacen).

Entonces, para que todos cobren y la empresa vaya bien hay que ganar dinero, mucho, y hacer que se reparta bien. Que todos se enteren de que es bueno que se gane dinero. Lo dice cualquier persona con sentido común.

Bueno, y ¿Cómo empezar si en algún momento te decides a crear una empresa? Tres pasos:

  • Saber qué quieres vender y cuál será tu público.
  • Saber cómo fabricar ese producto o ese servicio.
  • Establecer un plan de tesorería.

Vamos a ver cada punto de uno en uno:

Lo que quiero vender y a quién

Hay que tener, en primer lugar, algo que ofrecer:

  • Un producto. Puede ser un paraguas plegable que cuando llueve cambia de color a medida que caen más gotas.
  • Un servicio. Puede ser el de recogida de los niños de los colegios para evitar que el padre y la madre enloquezcan.

Una vez eso está decidido, hay que pensar a quién quieres vendérselo.

Si volvemos a los ejemplos de producto y servicio, el paraguas de colorines irá dirigido a gente muy especial que pasea por las tardes por Madison Avenue, mientras que lo de buscar niños al colegio puede ser para gente muy normal, de todo tipo de clases sociales.

Lógicamente, el paraguas, cuanto más caro, mejor; mientras que lo de los colegios, cuanto más asequible a todo tipo de economías, mejor. De este modo habrás definido lo que quieres vender, el nivel de precios y tu público.

Cómo fabricar algo para venderlo

El segundo paso es saber cómo fabricar eso que se quiere ofrecer.

Si es un producto, puedo decidir entre montar una fábrica en un polígono industrial que hay cerca de casa, o bien darme una vuelta por unos cuantos países de esos que fabrican muy bien y muy barato.

El plan de tesorería

Tercer paso. El plan de tesorería a cliente cero. No es más que una forma de averiguar en qué huerto nos metemos si durante un año no entra ni un solo cliente por la puerta de nuestro negocio. Porque el dinero salir, sale seguro.

Un ejemplo:

Tabla 10-1: Plan de tesorería a cliente cero

Dinero disponible para empezar el negocio

400 €

Más: ingresos en el primer mes

0 €

Menos: salidas en el primer mes

−100 €

Lo que queda a final del primer mes

300 €

Más: ingresos en el segundo mes

0 €

Menos: salidas en el segundo mes

−156 €

Lo que queda al final del segundo mes

144 €

Más: ingresos en el tercer mes

0 €

Menos: salidas en el tercer mes

−206 €

Lo que queda al final del tercer mes

−62 €

Y así sucesivamente hasta llegar al mes doce y completar todo un año. Imagina que al acabar el mes doce lo que me queda es – 2.400 euros. Eso quiere decir que si no entra ni un euro en la caja en el primer año, el 31 de diciembre han desaparecido los 400 euros con los que empecé el negocio y además debo 2400.

Ése es el momento en que hay que preguntarse: “¿Y si lo dejamos?”. Aunque ese momento también se puede avanzar, porque si al cabo de seis meses me doy cuenta de que a la caja le están saliendo telarañas porque no entra nada…

También puede ocurrir que sí, que haya vendido algo, pero que vaya a cobrarlo al año que viene. Pues entonces prolongo el plan de tesorería un poco hasta que entre ese dinero y otro dinero procedente de un pedido que está a punto de salir.

De dónde sale el dinero

En el ejemplo, si fuera mi negocio, partiría de 400 euros, compuestos por 50 que yo tenía ahorrados por si un día los necesitaba y 350 que me han dado dos amigos y un tío mío.

Ahora tengo que hablar con ellos para saber si quieren ser capitalistas o prestamistas. Esto es importante porque se contabiliza de forma distinta y porque tiene consecuencias distintas:

  • Si eres capitalista y no hay beneficios, no cobras dividendos.
  • Si eres prestamista, haya beneficios o no, el negocio te tiene que devolver el dinero en los plazos convenidos y con los intereses acordados. Si no puedo pagar, me tengo que refinanciar, que quiere decir que un crédito se paga con otro crédito.

Vamos a suponer que quieren ser prestamistas. Entonces me quedo yo solo como capitalista. O sea, que tengo derecho a dividendos.

A la hora de contabilizar este cuento de los prestamistas y el capitalista hay que obrar tal como se resume en la tabla 10-2:

Tabla 10-2: Estado inicial de la contabilidad

ACTIVO (lo que hay)

En la caja 400 €

PASIVO (de dónde viene)

Créditos

De mi tío, 150 €

De mis amigos, 200 €

Lo que he puesto yo, 50 €

TOTAL

400 €

Volviendo al plan, en él hay que poner lo que hay que pagar para amortizar los créditos de mi tío y de mis amigos, en el mes correspondiente; y los intereses, que también hay que pagarlos. No hay que poner, por ahora, mis dividendos; cuando entre algo, ya hablaremos.

En resumen: si monto un negocio y en el primer año no entra nada, me he metido en un agujero de 2400 euros más los 50 que puse, que se han perdido, más los 350 que me han prestado, que también se han perdido. Esa cantidad se la debo:

  • 150 más intereses, a mi tío.
  • 200 más intereses, a mis amigos.
  • 2400 más intereses, a la caja de ahorros de San Quirico, a la que he conseguido convencer para que me prestase diciendo que con lo de los paraguas iba a forrarme.

Esto, en fin, es lo que he de tener en cuenta: necesito 2800 euros para el primer año.

El activo y el pasivo

Antes de seguir con nuestra empresa, nos fijaremos en el activo-pasivo. O lo que es lo mismo, te explicaré cómo se organiza la contabilidad en el ámbito de la empresa (o de nuestro hogar)

El balance de la empresa de mi amigo

Vamos a fijarnos en todo lo que tenga que ver con el dinero, y todo eso lo vamos a ordenar en dos grandes bloques:

  • Lo que tenemos. Lo pondremos en una columna a la izquierda.
  • Lo que debemos. En una columna a la derecha.

¡Ya ves qué sofisticado es este plan…! Pero esta forma de hacer el balance de una empresa me ha ido siempre de maravilla, inclusive para aclararme en la economía doméstica.

Pues bien:

  • A lo de la izquierda lo llamaremos activo y a lo de la derecha, pasivo.
  • Y decidimos que han de sumar lo mismo.

Lo que tenemos

Para hacerlo más fácil, vamos a poner de ejemplo a una empresa ya consolidada, como es la de mi amigo.

Estas son las cosas que tiene y que apuntaremos en la columna de la izquierda (activo):

  1. El dinero que tiene depositado en la caja de ahorros de San Quirico
  2. El dinero que tiene depositado en la caja de ahorros del pueblo de al lado, donde ha abierto una pequeña cuenta.
  3. Lo que la administradora tiene en un cajón en la mesa del despacho, para pagar las cosas pequeñas:
  4. El periódico
  5. La limosna a un necesitado
  6. Las cosas que llegan contra reembolso
  7. El dinero que le deben. A efectos de contabilidad ese dinero se ha de contar como si ya lo tuvieras en el bolsillo.
  8. Las existencias. Tiene muchas cosas, apuntadas al precio que le costaron; a ese precio lo pondremos.
  9. Material de oficina. Al precio que costó.
  10. El ordenador.
  11. El edificio. Está hipotecado, pero nos olvidamos de ese pequeño dato y ponemos la cantidad que costó totalmente acabado, con sus instalaciones.
  12. Las amortizaciones, que ha de restar al valor del edificio. Las puedes ver como un activo con signo negativo, como si por su uso el edificio valiera, cada año algo menos, en la cuenta de resultados.

A los puntos del 1 al 5 los vamos a llamar activo circulante y al resto, activo inmovilizado. Más adelante verás por qué.

Hecho esto, podemos escribir ya el activo, o sea, lo que tenemos:

Tabla 10-3: Lo que tiene la empresa de mi amigo

ACTIVO

En la caja de ahorros de San Quirico

10 000 €

En la caja del pueblo de al lado

2000 €

En la cajita pequeña del despacho

50 €

Le deben los clientes

1300 €

Lo que le costaron las existencias

2000 €

Los muebles, papeleras…

1000 €

El ordenador

100 €

El edificio (descontadas las amortizaciones)

180 000 €

TOTAL ACTIVO

196 450 €

Y ahora, el pasivo. Recuerda que ha de sumar lo mismo que el activo.

Ésta es la lista de lo que mi amigo debe:

  1. La hipoteca
  2. Lo que debe a los proveedores, (no todas las existencias están pagadas)
  3. Un crédito pequeño que tiene con otra caja de ahorros         

Y lo que sale puedes verlo en la tabla 10-4:

Tabla 10-4: Lo que debe la empresa de mi amigo

PASIVO

Lo que todavía debe de la hipoteca que tiene con la caja de ahorros de San Quirico

82 000 €

Lo que todavía debe del crédito que tiene en la caja de ahorros del pueblo de al lado

1000 €

Lo que debe a los proveedores

500 €

TOTAL EUROS

83 500 €

El activo y el pasivo deben coincidir

¡Pues ya está hecha la cuenta! Pero ¿cómo, si activo y pasivo no coinciden? En realidad, en lugar de coincidir tendremos que decir cuadrar. Y cuadrará.

Para empezar, ese pasivo que hemos puesto es el pasivo exigible, esto es, las deudas que tenemos y que alguien puede exigirle al empresario.

Entonces tomamos el activo de 196 450 euros, le restamos el pasivo exigible de 83 500 euros y nos salen 112 950 euros. Eso es lo que vale la empresa: los fondos propios.

A mi amigo le hace ilusión eso de valer 112 950 euros. Pero tiene una duda, pues cuando fundó la empresa puso 45 000 euros que había ahorrado con su mujer:

Tabla 10-5: Los fondos de la empresa de mi amigo

Lo que puso al principio (capital)

45 000 €

Lo que ha ido ganando y no se ha llevado a casa

67 950 €

TOTAL

112 950 €

Lo que no se ha llevado a casa se llaman reservas. Y lo que se ha llevado a casa son los dividendos. Y si nunca se hubiera llevado dividendos a casa, ahora las reservas serían mayores y su empresa valdría más. Eso sí, en ese caso seguramente no habría vivido lo bien que ha vivido. A la inversa, si no hubiera dejado nada en reservas, hoy su empresa no existiría.

El activo y el pasivo ya coinciden

Ya sólo queda hacer, en la tabla 10-6, el resumen de todo lo que hemos ido viendo:

Tabla 10-6: Activo y pasivo de la empresa de mi amigo

ACTIVO

  1. CIRCULANTE

Caja

12 050 €

Clientes

1300 €

Existencias

2000 €

  • INMOVILIZADO

Mobiliario e instalaciones

1100 €

Edificio (descontadas las amortizaciones)

180 000 €

PASIVO

  1. EXIGIBLE

Hipoteca

82 000 €

Crédito

1000 €

Proveedores

500 €

  • FONDOS PROPIOS

Capital

45 000 €

Reservas

67 950 €

TOTAL PASIVO

196 450 €

¿Ves cómo activo y pasivo coinciden?

Aunque, mi amigo aún me preguntó otra cosa: “Todo esto que me has explicado significa que si quiero vender la empresa, ¿sólo puedo pedir 112 950 euros? Y la marca, ¿qué?

Se trata de cosas diferentes, pues esos 112 950 euros son el valor contable. Y lo otro, la marca, el nombre y demás, es el fondo de comercio. Por lo tanto, si alguien quiere vender su empresa, lo que ha de hacer es negociar ese fondo de comercio.

Pero sobre esto hablaremos en el siguiente capítulo.

Bien, hasta acá el resumen.

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Un saludo, lector.

Cómo Funciona La Economía Para Dummies – Resumen Del Capítulo 9

Y de nuevo, estamos acá con un resumen de otro capítulo del libro “Cómo funciona la economía para Dummies”, del economista Leopoldo Abadía.

Espero que lo disfruten.

Capítulo 9- La economía que cabe en el bolsillo

Después de remontarnos a las alturas de la macroeconomía, toca volver a poner los pies en el suelo. En los siguientes cuatro capítulos vamos a acercarnos a una economía más cercana a la cotidianidad, y a lo que tenemos más cerca, las empresas.

La oferta y la demanda

¿Qué tenéis en común tú y una empresa? La búsqueda eficiente de la felicidad. Las empresas también son felices, o al menos sus dueños lo intentan gracias a los beneficios. En tu caso no se tratará tanto de beneficios como de maximizar lo que tengas a tu alcance.

Seas particular o empresario, esa forma de maximizar los bienes se consigue gracias al modelo de la oferta y la demanda, el verdadero meollo de todo esto.

El funcionamiento de los mercados

El escenario en el que todo el proceso tiene lugar es el mercado. En el capítulo 3 te lo definía como “un ente especializado en producir cosas por las que la gente está dispuesta a pagar”.

Todos los mercados funcionan a través de la ley de la oferta y la demanda.

Sus actores principales son:

  • Los vendedores (oferta); y
  • Los compradores (demanda).

Y su interacción pone en marcha el mecanismo económico, empezando por los bienes y servicios que se producen y el precio al que se venden.

Los compradores

El deseo de comprar

La gente (nosotros) quiere comprar. Los economistas se fijan en esas cosas concretas que queremos, en la cantidad y en la cantidad que podemos pagar al precio que las ofrece el mercado. Todo en función de ingresos y preferencias.

Los precios tienen una relación inversa con la cantidad demandada: cuanto más alto es el precio menos cantidad de ese producto pedirá la gente. El consumidor sabe lo que quiere y sabe que no hay nada gratis. Por lo tanto, tiene que rascarse el bolsillo.

Una cosa está clara: son los deseos humanos los que mueven la economía; las fábricas producen aquello que saben que se va a vender; aunque se pueden equivocar, porque no son entes perfectos (al frente de ellas hay personas).

Entonces, no podemos comprarlo todo. La solución es escoger aquellos productos o bienes que más contribuyen a nuestra felicidad (entendida ésta también como necesidades). Decidimos cómo gastar mejor los ingresos limitados, lo que vamos a comprar, y cuántas unidades.

¿Cómo decidimos qué comprar?

Un factor esencial que nos ayuda a escoger es la utilidad marginal. Escoger, que lleva implícito “comparar”, porque detrás de toda selección hay una comparación previa.

Comparamos:

  • Precios;
  • Beneficios. Si tengo 20 euros, ¿Qué compro? Comparo las opciones y, según la promesa de felicidad que me proporcionen en ese instante, me decidiré por una u otra.

Pero la gente se aburre incluso con aquellas cosas que le gustan, en cuanto dejan de ser algo especial. Si te digo que pienses en un pastelito de chocolate, ¿no te cansará comerte unas cuantas porciones? El placer del primero se acabará convirtiendo en hartazgo con el quinto. A esto los economistas le han llamado utilidad marginal decreciente. (Capítulo 2).

Los vendedores

La empresa, el corazón del capitalismo

El consumidor compara, decide y compra unos determinados bienes y servicios. Pero alguien tiene que procurárselos: la empresa. Todo está producido por algún tipo de empresa.

Hacen falta empresarios. Cuando veo empresarios pienso si son los de verdad o sólo directivos, que tampoco es una vergüenza. No sólo hay que poner en marcha muchas empresas, sino que no hay que dejar de hacerlo.

Lo importante para un país es que tenga muchos empresarios grandes, medianos y pequeños que sepan dónde está el negocio y que se la jueguen, que sepan que los gastos fijos pueden llevarte a la ruina, que  tengan beneficios y creen puestos de trabajo. Cuando se dice que España ha crecido un x por ciento quiere decir que la riqueza de España ha crecido porque los empresarios han sabido crearla.

¿Qué es una empresa?

Es un conjunto de personas. Ojo, no de unidades productivas como les gusta decir a los economistas. Porque el trabajo lo hace una persona, no un robot.

Si un robot durante una temporada no trabaja se sustituye por otro y ni se nota. En el caso de una persona, también se puede reemplazar, pero se nota, PORQUE Cada persona aporta su personalidad; todos somos distintos; ninguno absolutamente inútil. Todos mejorables y todos irrepetibles.

Si un empresario considera a sus trabajadores como unidades de producción, su empresa irá de distinto modo que si piensa que las personas son eso: personas.

Hay dos “tipos” de personas:

  • Las que trabajan dirigiendo esas empresas, como empresarios o directivos, (están en las patronales).
  • Los que trabajan en esas empresas, en puestos que no son de dirección (trabajadores). Dicen que estos señores están representados por los sindicatos, algo de lo que ni mi amigo ni yo estamos muy seguros.

Hay que evitar la caricatura del empresario

Los empresarios no gozan de la mejor de las imágenes. Lo peor es que está justificado por algunos ejemplos concretos, como el de esos que tanto han ayudado a hundir la economía al tiempo que se llenaban los bolsillos. Esos no se merecen el nombre de empresarios:

Piensan que

  • Como a ellos se les ocurrió un negocio, los demás son unos desgraciados.
  • Esos desgraciados sólo tienen derecho a cobrar lo menos posible, porque ellos son los amos, los que pusieron el dinero.
  • El horario de esas personas debe ser el que cada día les apetezca a ellos.
  • Si las cosas van bien es gracias a ellos y si van mal es culpa de los demás.
  • Los demás les engañan siempre, que nadie juega limpio y si alguien hace algo bien, tienen un violento ataque de celos y se lo cargan, porque ¿a quién se le ocurre tener ideas?

Alguien así no es un empresario, sino un depredador. No es empresario, simplemente un tío ruin y despreciable.

Urge conseguir que el empresario esté bien visto, que sea alguien que:

  • Se juega su dinero.
  • Se rodea de la mejor gente que puede.
  • Respeta a los que trabajan con él.
  • Da ejemplo con su trabajo y dedicación.
  • Forma un equipo, remunera bien a sus empleados y hace las reservas necesarias para que la empresa vaya bien, sin llevarse el dinero a casa en forma de dividendos enloquecidos.

Ése es el modelo de empresario que debemos perseguir, el de alguien que muchas veces duerme mal porque sabe que se juega su patrimonio y que hay bastantes familias que dependen de que él acierte. De ésos, necesitamos muchos y muy buenos. Porque sin ellos no hay empresas. Y si no hay empresas, no hay puestos de trabajo para todos los que no son empresarios.

Una definición un poco más completa de empresa

  • Un grupo de personas organizadas.
  • Que ponen en juego dinero y trabajo haciendo una actividad.
  • Para ganar la mayor cantidad posible de dinero.
  • De forma responsable y sin dañar al prójimo.

¿Y si damos un paso más?

Una empresa es una cosa:

  • Creada por una persona que tuvo la idea de fabricar algo o dar un servicio que le pareció que podía interesar.
  • Ese individuo convenció a otras personas para que pusieran dinero, porque él no tenía todo el que hacía falta.
  • Esa persona contrató a otras para que trabajaran a diario en esa empresa, porque los que habían puesto el dinero no sabían nada de aquello y el que había tenido la idea era incapaz de llevarla a la práctica solo.
  • Cuando empezaron se dieron cuenta de que necesitaban comprar materias primas y se las compraron a varias empresas –creadas también por personas–, en las que otros habían puesto dinero, otros trabajaban dirigiendo y otros produciendo.
  • Una de las materias primas era el dinero. Por eso fueron a una empresa a la que llaman banco, creada por una persona, en la que pusieron dinero otras… Y ese banco les dejó dinero (les alquiló el dinero durante una temporada, cobrándoles intereses y comisiones).
  • Una vez fabricados los chismes, se los vendieron a unas tiendas que no eran más que otras empresas.
  • Esas tiendas los vendieron a personas.

A fin de cuentas, siempre se trata de personas.

Y a ti, ¿se te ha ocurrido alguna vez montar tu propia empresa? Si quieres, te ayudo a ello. Sólo tienes que pasar página…

Y hasta aquí, lector, es el resumen de hoy.

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Un saludo, lector.

Cómo Funciona La Economía Para Dummies – Resumen Del Capítulo 8

Hoy volvemos con una entrada sobre el gran libro (cada vez me gusta más) de Leopoldo Abadía, “cómo funciona la economía para Dummies”.

Es el turno del resumen del capítulo 8, titulado “el dinero es el aceite del sistema”.

Capítulo 8 – El dinero es el aceite del sistema

Al lado del Estado hay otro gran protagonista en la macroeconomía, las entidades financieras. Este capítulo voy a dedicarlo a explicar el funcionamiento de esas entidades que, si funcionasen como debieran, serían el engrase necesario para que todo el engranaje económico tirara para adelante.

La teoría del engrase

Todo está financiado. La esencia de la teoría del engrase es ésta: todo está engrasado (financiado) por el sistema financiero, es decir, que un banco o caja de ahorros ha prestado a alguien unos dinerillos que tendrá que devolver en unos años añadiendo intereses.

Algunos ejemplos:

  1. Cuando voy a cenar al restaurante de siempre y me sirven muy bien, y veo la cocina, una maravilla, resulta que esa cocina está financiada por la caja de ahorros de San Quirico. O sea, que si esta entidad no le presta el dinero, el dueño del local no cambia la cocina y si no cambia la cocina, yo seguramente no iré a cenar allí porque el efecto y, a lo mejor, los resultados no serán tan sabrosos.
  2. Cuando voy allí, me desplazo en mi coche, que pagué a plazos porque otra entidad financiera me prestó el dinero, que pude devolver en unos cuantos años, pagando los intereses correspondientes.
  3. Además, pongo gasolina en la gasolinera de siempre, que es de un señor que también se pasó por la caja de ahorros de San Quirico para instalarla.
  4. La gasolina que me ponen la ha suministrado una petrolera gorda que debe de tener préstamos hasta la coronilla.
  5. Cuando recibo el periódico La Vanguardia en casa, es también gracias a que alguien lo ha confeccionado. Eso ha sido posible porque otra caja de ahorros le dejó euros para que pagase al diseñador del nuevo formato y cambiase la maquinaria.

Todo lo que nos rodea funciona porque hay dinero circulando en forma de créditos. Es el aceite que engrasa y permite que funcione toda la maquinaria económica.

Ahora, con la crisis económica, esto no se da tanto, porque precisamente una de las consecuencias de esa crisis es que la fuente del crédito se ha secado: las entidades financieras no tienen dinero para prestar; y después de todo lo que ha pasado, no se atreven a prestar a nadie. Y si algo falla en las entidades financieras, nos falla a muchos de rebote.

El engrase a alturas macroeconómicas

Te lo explico con otros ejemplos:

Pensemos, por ejemplo, en Estados Unidos, que quiere convencer a China para que aprecie el yuan.

China responde que sí, pero que lo hará poco a poco. ¿Y por qué? Pues porque resulta que Estados Unidos le compra muchas cosas a China, ya que el yuan está barato; por 1 dólar te dan muchos yuanes, y cuando los chinos aparecen diciendo que esto tan bonito vale tantos yuanes, el americano que se lo compra traduce a dólares y piensa “qué baratos son estos chinos”. Eso al chino le gusta.

Al que no le gusta tanto es al americano que fabrica lo mismo que el chino y que intenta vender en dólares. Como no puede vender en su casa, se dice: “Pues nada, fastidiaré al chino vendiendo en China”. Pero allí tampoco vende, porque quiere vender en dólares y el chino, para comprar en dólares, tiene que poner muchos yuanes y no le sale a cuenta.

En definitiva, Estados Unidos Importa mucho de China y exporta poco a China. Lo que traducido significa que gasta mucho y trae poco dinero de China. Esa diferencia entre exportaciones e importaciones es lo que se llama balanza comercial. Si las exportaciones son mayores que las importaciones, esa balanza comercial es positiva, tiene superávit; y si es al revés, la balanza es negativa y hay déficit.

¿Qué pasa cuando hay déficit?

Cuando se saca más de lo que se ingresa, la solución es o acudir a los ahorros o pedir prestado.

En el caso de Estados Unidos, ¿sabes quién está dispuesto a prestarle dinero? Sí: ¡China!, que gracias a que el yuan está un pelín escuchimizado les vende mucho, les compra poco y encima, les presta dinero para que le compren más. A eso se le llama hacer un negocio redondo.

Vamos a hablar de los banqueros

Los banqueros son gente que trabaja con materia prima, como cualquier otro. También mi amigo compra cosas para la construcción y luego las vende. Si lo hace bien, gana unos euros de manera honrada que le sirven para que sus empleados vivan, él viva y a final de año pueda dar a todos una paga.

La materia prima de los financieros es el dinero y con ella han de hacer como todo el mundo que tiene un trabajo: acumular mucha de esa materia prima y sacarle el máximo partido posible. Ambas cosas están bien, a no ser que hagan tonterías o bellaquerías. Las mismas de las que te hablaré en el capítulo 14.

Sí, los bancos hacen falta

Como has podido ver a través de la teoría del engrase, son el vehículo a través del cual el dinero que ingresamos en ellos llega a más gente. Gente que, gracias a eso, podrá pedir créditos con los que abrir o ampliar más negocios. Con esos movimientos se crean la riqueza y la prosperidad de un país, pues el dinero va de un sitio a otro y comprando y haciendo negocios va también a las arcas del Estado, que luego puede invertir en muchas cosas.

Todo eso, mal que nos pese, es gracias a las entidades financieras.

Y este es el final del resumen.

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Un saludo, lector.

Cómo Funciona La Economía Para Dummies – Resumen Del Capítulo 7

Nuevamente, venimos con una entrega del resumen en capítulos de Cómo Funciona la Economía Para Dummies del autor Leopoldo Abadía.

Esta vez, el séptimo capítulo.

Les dejo con ello:

Capítulo 7 – El Estado somos todos

En el capítulo 6 te decía que Una buena política monetaria y fiscal redunda en el óptimo funcionamiento del país y en su prosperidad. Y una disparatada o mala es capaz de hundirlo en la más absoluta miseria. Te hablaba también del déficit presupuestario, esa diferencia negativa que hay entre lo que el Estado gasta y lo que ingresa mediante impuestos.

No debemos olvidar que los gobiernos están formados por empleados nuestros a los que hay que pedirles responsabilidades por ese dinero que nosotros les damos para que lo administren. Deberíamos exigirles que justificaran hasta el último céntimo.

Pero antes de gastarlo, deben recaudarlo. Después, como pasa en cada familia, están obligados a hacer un presupuesto.

Los PGE

Los presupuestos generales del Estado (PGE) son las cuentas que hace un gobierno para ver cuánto dinero tiene para gastar en un año. A escala macroeconómica es lo mismo que hacemos nosotros en casa. El Estado es como una familia a lo grande.

Por lo general, los PGE se preparan en el último cuatrimestre del año. Hay que tener en cuenta:

  • Cuántos ingresos conseguiré.
  • En qué me voy a gastar ese dinerito.

Los posibles resultados de esos cálculos:

  • Equilibrio.
  • Superávit: los ingresos son superiores a los gastos. Se me abren dos posibilidades:
  • Ahorrar;
  • Gastar en cosas que son necesarias, pero que en anteriores presupuestos no había podido cubrir.
  • Déficit: lo contrario del superávit, deudas que debo saldar –que es lo que suele pasar–. Puedo:
  • Apretarme el cinturón hasta que mis gastos se adecuen a mis ingresos;
  • Pedir un crédito a un banco o emitir bonos del Estado que tendré que devolver con intereses.

Los PGE son como nuestros presupuestos domésticos. Cambia la escala, pero el fondo es el mismo. Aunque, una familia es más fácil de gobernar que varios millones de familias, empresas, bancos, instituciones financieras y demás.

Unos buenos PGE deberían cumplir:

  • De donde no hay, no se puede sacar.
  • Cuando se conduce, lo mejor es no distraerse.
  • Estirar el brazo más que la manga puede no ser prudente.

Normas de sentido común que habría que exigir a todos los gobiernos que se grabaran a sangre y fuego. No son más que “las cuentas de la vieja. Pero, ¿acaso las cuentas de la vieja no funcionan? Lo han hecho siempre porque rebosan sentido común.

De dónde vienen los ingresos del Estado

El ministro de Economía tiene varias vías de ingreso:

Impuestos directos:

  • Lo que todos nosotros ganamos: nuestro sueldo, facturas, alquileres que cobramos, dividendos que recibimos de acciones… De todas esas ganancias tienes que darle al Estado un porcentaje.
  • Lo que ganan las empresas.
  • Cuando heredamos algo o hacemos una donación, el Estado también ingresa. Y lo mismo por nuestro patrimonio.

Los impuestos directos tienen mucho que ver con lo que ganan la gente y las empresas.

Pagar por consumir

Además de los impuestos directos hay otros indirectos. Es el impuesto sobre el valor añadido (IVA), que grava todo aquello que consumimos.

Por ejemplo, el vino que tanto nos gusta tomar a mi amigo y a mí está gravado. El dueño del bar no sólo ha de pagar al Estado por los beneficios que le procure la venta del vino, sino también por el IVA, todo lo cual redunda en el precio que como consumidores acabamos pagando. Y esto pasa con cualquier cosa o servicio: por gastar hay que pagar al Estado.

Otras fuentes de ingresos estatales

  • Lo que el Estado cobra por cosas como por dejar que se usen propiedades o derechos públicos, o por prestar algunos servicios.
  • Los ingresos de las empresas propiedad del Estado.
  • Lo que le envían algunas comunidades autónomas que tienen acuerdos especiales con el Estado en lo referido a la gestión de impuestos.
  • Lo que manda la Unión Europea.
  • Lo que obtiene por las rentas de su patrimonio, los intereses de inversiones financieras, los préstamos, los dividendos y la participación en beneficios, además de lo que saca por vender terrenos, solares y empresas.

Simplificando mucho, el Estado ingresa por:

  • Lo que ganamos trabajando y con nuestro patrimonio (impuestos directos).
  • Lo que gastamos consumiendo (impuestos indirectos).

El problema llega en época de recesión, cuando estas dos fuentes dejan de fluir como antes.

En qué se gasta el Estado nuestro dinero

Cada euro cuenta, y por ello es necesario no tontear, no experimentar… Porque  no lo olvidemos: ese dinero que el Estado ingresa y gasta es nuestro. Los políticos pueden hacer lo que quieran con su patrimonio, pero con el nuestro debemos exigirles responsabilidad.

Los desembolsos del Estado son:

  • El gasto: …es lo que se gasta… pero deja algo: una corbata, un bolígrafo, unas gafas… Aunque también puede que no deje nada físico: la comida y bebida, el transporte…
  • La inversión: …es lo que se invierte… un piso, una casa, un cuadro por el cual, cuando lo vendamos, nos pagarán más pasta que la que nos costó…

Todo eso que nosotros hacemos en el ámbito familiar lo hace también el Estado, sólo que se le llama macroeconomía.

Las cuentas del ministro

¿Cómo procede el ministro? Simplificando, estima cuántos ingresos habrá en caja y organiza lo que se va a gastar en diversas secciones, de acuerdo con la estructura del Estado. Prepara dos montoncitos de dinero:

  • Uno para las cosas realmente importantes y que hay que pagar “caiga quien caiga”.
  • Otro con las cosas que hay que hacer con el dinero que quede después de pagar las cosas realmente imprescindibles, en función de los ingresos esperados y con lo que esté dispuesto a endeudarse.

Hay gastos en los que el ministro no tiene demasiado margen de maniobra:

  • El gasto social. Es intocable, y su volumen es considerable: por ejemplo, pensiones y ayudas al desempleo.
  • Los intereses por la deuda y los bonos del Estado. Tampoco es pequeño.
  • Las transferencias a las comunidades autónomas y demás (también ayuntamientos y diputaciones).
  • El funcionamiento del Estado. Todas las instituciones representativas del país: el rey y su familia, las Cortes, los tribunales …
  • Los ministerios. Aquí el ministro distingue entre:
  • Ministerios de verdad: el de Interior, el de Asuntos Exteriores, el de Agricultura, el de Economía.
  • Ministerios de relleno: son fruto del capricho del presidente de turno. Y sus partidas económicas tampoco son tan importantes.

Pero sea cual sea el ministerio, todos necesitan dinero.

La dificultad de aplicar la tijera

Se puede aplicar la tijera, pero para eso hay que negociar y prever las consecuencias de no hacer determinadas cosas, que  puede tener efectos como:

  • Se dé menos dinero a un ministerio encargado de hacer cosas con la inmigración.
  • Se recorten ayudas al fomento del empleo y a la formación de trabajadores.
  • Se aumenten las partidas económicas de algún ministerio de relleno por algún compromiso previo e inconfesable, aunque ese ministerio apenas tenga contenido.

Con todo, lo más fácil es que esos presupuestos generales del Estado se hayan pasado y presenten unas cuentas con déficit.

Ahora el ministro sólo tiene que comunicárselo a sus conciudadanos de una forma particularmente espesa y confusa para que no lo entiendan. Y eso sabe hacerlo de forma magistral.

Esto es todo por hoy.

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Un saludo, lector

Cómo Funciona La Economía Para Dummies – Resumen Del Capítulo 6

Es miércoles, y venimos con un nuevo resumen del gran libro de Leopoldo Abadía, Cómo Funciona La Economía Para Dummies.

En esta ocasión, el capítulo 6, que se titula “Marcha atrás, como los cangrejos”

Capítulo 6 – Marcha atrás, como los cangrejos

Para los economistas la inflación puede acabar siendo un estímulo para la economía. Maravilloso, si no fuera por el detalle de que en el mundo real prácticamente no se cumple nunca.

Si suben los precios de las cosas, por mucho que te vayan incrementando el sueldo según el IPC del año anterior, vas perdiendo poder adquisitivo. Llegará un punto en que la economía se frenará y se provocará una situación de estancamiento o, incluso, de recesión, y, si es muy brusca, tenemos una crisis.

Definiendo recesión

La RAE dice: “Acción y efecto de retirarse o retroceder”; aplicado al ámbito económico, significa “decrecer”.

Respecto a recesión económica: “Depresión de las actividades económicas en general que tiende a ser pasajera”. No tiene por qué ser pasajera, pero es un período durante el cual disminuye la producción de bienes y servicios, con lo que la economía se estanca.

Si hay menos producción, las empresas necesitan menos trabajadores, lo que se traduce en un aumento del desempleo.

La economía oscila como un péndulo

Los economistas afirman que la economía se mueve entre dos períodos, oscilación que han bautizado como ciclo económico:

  • Recesión: la producción total se contrae. Normalmente se da a partir de acontecimientos inesperados de carácter negativo.
  • Recuperación: la producción total se expande.

Para analizar el ciclo económico, los economistas toman como medida base el pleno empleo, una situación en la que toda aquella persona que quiera un trabajo a jornada completa puede conseguirlo. Existe la posibilidad de que haya gente que no tiene trabajo porque ha dejado el que tenía para buscar otro, que no debería tardar en conseguir.

La solución

Una recesión debería solucionarse mediante el ajuste de precios. Habría que dejar al mercado en libertad para que él mismo se corrigiera:

Imagina que la economía deja de crecer. La producción de bienes y servicios disminuye, aumenta el desempleo y, como no hay trabajo ni dinero, la gente y los gobiernos gastan menos, lo que empeora más la situación de las empresas.

Se llega así a un exceso de oferta. Para solucionar eso, el mercado baja los precios, lo cual acaba atrayendo compradores, de modo que:

  • Los precios disminuyen de forma generalizada.
  • La economía se anima y empieza a producir de nuevo a buen ritmo y, consecuentemente, a contratar a gente hasta llegar al nivel de pleno empleo.

Pero…

¿Qué pasa si la empresa vende a precios inferiores de lo que le ha costado producir esos bienes? Pierde dinero, menos que si no vendiera nada, sí, pero así no se va a ninguna parte y a lo mejor por ello se ve obligada a cerrar sus puertas.

Aunque el modelo económico prefiere no ver esto y echarle la culpa a un cambio lento de los precios. Si el cambio es rápido, la recesión desaparece; si es lento, se alarga en el tiempo. A fin de cuentas si la situación es de recesión, las empresas venderán más barato a lo mejor que el precio de coste, pero también la mano de obra será más barata:

  • La gente tiene necesidad de trabajo y no va a discutir demasiado el salario.
  • Muchas materias primas son también más baratas porque hay excedentes.

Se trata de llegar al nivel de equilibrio de los precios, nivel de precios al que los consumidores queremos comprar.

¿Y si los precios se resisten a bajar?

En la vida real los precios son rígidos y les es difícil bajar. El problema no es de los empresarios, sino de los trabajadores y de sus salarios.

El salario es el precio que paga un empleador por el servicio que le prestas. Y es reacio a bajar, más bien lo contrario.

Mi amigo lo tiene claro. Tiene su empresa y varias personas contratadas, pero aunque la cosa no vaya bien, prefiere no tocar los sueldos, porque sabe que si lo hace se expone a que cunda el descontento y con él baje la productividad.

Ante una situación así, muchos empresarios prefieren despedir a parte de su plantilla antes que rebajar salarios, que pueden llegar a representar el 70 % de los costes de producción. Por lo tanto, si una empresa no recorta en este apartado difícilmente podrá hacerlo en los precios.

El gobierno entra en acción

En una recesión los gobiernos no se quedan cruzados de brazos. Entran en acción mediante su política económica:

  • La política fiscal: si disminuye los impuestos la gente tiene más dinero a mano para gastar y animar la actividad económica. Y si los sube, es el Estado el que ingresa más dinero, que puede dedicar a lo que sea que anime la economía.
  • La política monetaria. La variación de los tipos de interés también puede estimular la economía.

El problema llega cuando se trata de llevar esto a la práctica, porque un error por parte del gobierno puede tener repercusiones desastrosas en la economía.

La política fiscal:

No se reduce sólo a los impuestos, sino también a los gastos que lleva a cabo el Estado. Pongamos que la economía está parada y el Estado, para animarla, se pone a comprar de forma compulsiva algunos bienes; el resultado será que la demanda de esos productos crecerá, las empresas que los producen empezarán a contratar gente y la gente, por fin con un empleo y con dinero, comenzará también a gastar, de modo que la recesión será un mal sueño.

Para que el Estado se ponga a comprar hace falta dinero, y sólo hay tres maneras de conseguirlo:

  • Darle a la maquinita de hacer billetes: el peligro es la inflación, que a la larga puede provocar una situación más grave.
  • Aumentar los impuestos: los particulares tendrán menos dinero para gastar. Por el contrario, el Estado tendrá más que podrá invertir en obras públicas y servicios sociales, aunque posiblemente sin conseguir que el panorama se reactive.
  • Pedir dinero prestado: el Estado emite unos bonos que vende, con la promesa de que pasado determinado tiempo devolverá su importe al comprador, aumentado con un interés. Obtiene así más dinero sin quitárselo a los contribuyentes, pero se endeuda por unos cuantos años. Todo ello se traduce en un déficit presupuestario.

Endeudarse es el principal medio que usan los Estados modernos para obtener dinero, y funciona porque el Estado parece un deudor fiable.

La política monetaria:

Se centra en fijar los tipos de interés, o sea el precio que se paga por usar el dinero. El dinero es también algo que se compra y se vende, y manipular su precio tiene repercusiones inmediatas sobre todo tipo de cosas, por ejemplo la demanda de una hipoteca.

Los tipos de interés bajos generan más consumo e inversión. Como el dinero cuesta poco, la gente y las empresas se atreven a pedir préstamos y créditos con los que comprar casas, coches; no sólo eso, sino que favorecen las inversiones y que se inicien más proyectos. En cambio, con tipos altos, no sale a cuenta ni siquiera para invertir.

No obstante, el papel de los Estados en la macroeconomía no se reduce solo a esto… En el próximo capítulo, veremos los presupuestos generales del Estado.

Y hasta aquí el capítulo 6.

Si quieres seguir aprendiendo, dale al siguiente botón y no te pierdas más ninguna entrada

Un saludo, lector

Cómo funciona La Economía Para Dummies – Resumen del capítulo 5

Venimos de nuevo con una entrada del libro Cómo Funciona La Economía Para Dummies, de Leopoldo Abadía. Hoy damos paso al resumen del capítulo 5. Sin más, les dejo con ello:

Capítulo 5 – Y los precios suben, suben… y se desploman

Los peligros del exceso de dinero

La inflación debería provocar más pesadillas a los economistas y a los gobernantes de las que les provoca, y lo mismo cabría decir de su opuesto, la deflación.

Las consecuencias de gastar alegremente

  • Acto I. Mi amigo Luis tenía un trabajo del que no se podía quejar. Con su sueldo gastaba en alimentación, coche, teléfono, hipoteca… Gastos normales que le permitían ahorrar.
  • Acto II. La vida sigue y Luis se encuentra ganando todavía más dinero. Además, coincide con un momento en el que los bancos dan créditos a todo el mundo. El director de la caja de ahorros de San Quirico le ofrece un crédito. Luis, con tanto dinero encima, gasta. Sigue comiendo como antes, pero un poco mejor; se compra un Hammer; mantiene la hipoteca; se da caprichos… está embargado por la alegría de gastar. Pero  los señores que venden cosas piensan que como Luis y otros muchos tienen tantas ganas de gastar quizá no estaría mal subir un “pelín” los precios… pero, sumando de aquí y de allí dan como resultado un aumento general de los precios: inflación.
  • Acto III. Luis ha oído que hay crisis y empieza a ponerse un poco nervioso. Tiene dinero, pero empieza a gastar un poco menos en alimentación y diversión, saca menos a pasear el Hammer…
  • Acto IV. Un día, Luis recibe una llamada del director de la caja de ahorros de San Quirico: “Luis, lo sentimos mucho pero ya no podemos darte más crédito”. El amigo se queda de piedra porque, encima, su sueldo ha bajado. Pero no es el único. El grifo del crédito también se ha cerrado para empresarios y comerciantes, que ahora se encuentran con una mercancía que nadie compra. Para animar a la gente, empiezan a bajar los precios. Y no sólo eso, sino que las empresas empiezan a echar a sus trabajadores a la calle. Eso es la deflación. Y se cierra el telón.

Conclusiones sobre la debacle inflacionaria

A un período expansivo de crédito, en el que todo el mundo tiene dinero y se dedica a hipotecarse y comprar cosas, generalmente le sigue un período de inflación, que lo que hace es mermar el poder adquisitivo de los trabajadores (el mismo sueldo da para comprar menos cosas). Como nadie gasta, los precios bajan: deflación. Eso es porque todo el mundo está endeudado, incluyendo las empresas y los comercios, que tienen que vender como sea.

El encarecimiento de la vida

La inflación no es sinónimo de que todos los precios aumenten a la vez. Algunos precios pueden estar incluso disminuyendo. Pero la tendencia general es hacia arriba, alcista. Con esos datos se elabora un índice que dice cuántas décimas se ha encarecido, o todo lo contrario, la vida.

Por inflación entendemos esa tendencia a que los precios aumenten. Si bien es cierto que la mayoría de los convenios laborales incluyen una fórmula de revisión salarial por la cual los sueldos deben subir en el mismo porcentaje que haya aumentado la inflación el año anterior, no es menos cierto que con la crisis, esos convenios están congelados; como la mayoría de los sueldos.

Ahora bien, ¿por qué suben los precios? Un economista os diría que:

  • La causa. Una oferta monetaria que crece demasiado rápido.
  • El problema: la inflación.
  • El remedio. Disminuir o parar ese crecimiento.

Si esperabais una solución mágica, siento decepcionaros.

La culpa es del gobierno

Para un economista, la culpa de la inflación no es del mercado.

¿Cómo se determina el valor del dinero? A partir de la oferta y la demanda, si la oferta de dinero es escasa, cada unidad de dinero será preciosa y con ella podrás comprar muchas cosas. Pero si la oferta aumenta mucho, cada unidad de dinero  perderá valor porque se trata de algo muy fácil de obtener.

Se abren tres situaciones posibles:

  1. La ideal: el gobierno aumenta la cantidad de dinero disponible en la misma proporción que la demanda, y los precios se mantienen.
  2. La inflacionista: el gobierno le da a la maquinita de los billetes con más entusiasmo de lo que exige la demanda de dinero: se genera inflación.
  3. La deflacionista: la oferta de dinero aumenta por debajo de lo que crece la demanda. Las monedas y los billetes se hacen más valiosos y se necesita menos cantidad para adquirir cualquier bien o servicio.

Pero, ¿Qué empuja a un gobierno a ese frenesí por imprimir billetes y monedas?

  • Una falta preocupante de ingresos tributarios suficientes como para hacer frente a sus obligaciones (sanidad, defensa, interior, infraestructuras, educación…).
  • La presión de los deudores, que quieren provocar una situación inflacionista para así liquidar sus deudas, aunque sea con dinero menos “valioso”.
  • El deseo de estimular la economía y sacarla de un proceso de recesión.

La inflación y el ahorro

Además del aumento de los precios, la consecuencia más destacada de una inflación exagerada es que acaba con las ganas de ahorrar de la gente. Con el paso del tiempo (ver Alemania en 1920), esos ahorrillos valdrán cada vez menos: lo único que puede hacerse es gastar el dinero antes de que pierda todavía más valor.

La gente no ahorra y el problema pasa también al ámbito financiero: los bancos no tienen dinero para prestar a las empresas que quieran hacer nuevas inversiones; y sin esas inversiones, la economía ni avanzará ni, mucho menos, se recuperará.

Entonces, ¿cómo volver a la normalidad? Un economista ortodoxo dirá que la inflación puede servir para estimular una economía en crisis o recesión, pues si el gobierno imprime dinero se pueden comprar bienes y servicios que de inmediato animen el panorama. Pero lo que suele pasar es que de estímulo nada de nada, pues a más dinero, precios más altos, con lo que no puedes comprar más, sino como mucho lo mismo.

¿Y su receta, don Leopoldo? Pues trabajar e invertir, y un poco más de decencia en el comportamiento. No hay otra.

Cómo se mide la inflación

Con el IPC. Se trata de un porcentaje muy importante porque es el que generalmente se usa para modificar los sueldos a fin de que la inflación no nos haga perder poder adquisitivo. Podría definirse como el termómetro de la inflación, un instrumento que sirve a los gobiernos para ver cómo se están comportando los precios.

Se coge un conjunto amplio de bienes y servicios de consumo habituales a los que se da el nombre de “cesta de bienes y servicios”, y se mira cómo evolucionan sus precios. Qué sube y qué baja. En concreto, el IPC se fija en los productos básicos que una familia compraría a lo largo de un mes. De ahí resulta un porcentaje que indica a economistas y gobiernos cómo cambia el nivel de vida real de la gente de mes en mes y de año en año.

Pero esta cesta de la compra no es ni mucho menos perfecta:

  • No refleja con exactitud el gasto familiar: cada familia es diferente, y puede cambiar de hábitos; pero la cesta de la compra que analiza el IPC es muy rígida.
  • Los bienes y servicios que refleja pueden quedar pasados de moda: no incorpora nuevos productos hasta que la lista no se actualiza, y eso a veces va para largo.
  • No tiene en cuenta la calidad: por ejemplo, móviles, videojuegos, ordenadores, tabletas digitales… todo eso mejora en calidad de manera brutal de año en año, y a veces con precios que incluso se dan el lujo de ir a la baja. Ese salto de calidad para el IPC es como si no existiera.

A pesar de todo, el IPC es una herramienta que ayuda lo suyo a ver la evolución de los precios y, con ella, de la inflación.

Esto es todo por hoy, continuaremos, la próxima vez, con el capítulo 6, como no podía ser de otra manera.

Saludos, lector.

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Cómo Funciona La Economía Para Dummies – Resumen Del Capítulo 4

Hoy es día de entrada, y nuevamente venimos con un resumen de Cómo Funciona La Economía Para Dummies, del autor Leopoldo Abadía.

En la entrega anterior, terminamos la primera parte, y hoy comenzaremos con la segunda, concretamente, con el capítulo 4 del libro.

Parte II: Lo macro y lo micro

En la primera parte de este libro he intentado que quede claro que la economía es algo más cercano a nuestra vida de lo que creemos. Es algo que nos afecta muy directamente y de lo que todos hablamos aunque sea sin usar palabras raras y remitir a gráficos más raros aún. Y no sólo eso, sino que todos nosotros participamos en ella como consumidores y productores.

En esta parte entraremos más de lleno en el funcionamiento de la economía, en sus interioridades. Hablaremos de la economía grande y de la pequeña, de sus ciclos y sus vicisitudes.

Capítulo 4 – La economía vista a lo grande

Cuando los entendidos hablan de microeconomía se refieren a la economía particular de mi familia o de mi empresa. Y se ponen a analizar el comportamiento. Miran lo que hacemos para comer, producir, vender, cómo lo hacemos y en qué, cómo y dónde gastamos e invertimos el dinero.

Si micro lo sustituimos por macro, entonces tendremos lo mismo, pero a lo grande.

Los economistas definen la macroeconomía en los mismos términos que la microeconomía, con la diferencia de que suman aquí la actividad económica de las personas, las familias, las empresas y el sector público; o sea, lo que han producido, lo que han consumido, lo que han invertido y lo que han vendido, dentro y fuera del país. De este modo, el Estado tiene conocimiento del PIB en el momento de hacer la contabilidad del país, lo que le ayudará a medir la riqueza nacional.

  • La macroeconomía estudia la economía como un todo orgánico, concentrándose en los factores que afectan al conjunto, como los tipos de interés, la inflación y el desempleo. También se ocupa de estudiar el crecimiento económico y de cómo los gobiernos utilizan las políticas monetaria y fiscal para moderar el daño ocasionado por las recesiones.
  • La microeconomía, en cambio, se concentra en las personas, en las empresas y en los negocios individuales. En el primer caso, explica su comportamiento cuando se enfrentan a decisiones sobre cómo gastar o invertir el dinero. En el segundo, explica cómo se comportan las empresas para intentar conseguir los máximos beneficios.

El resto del capítulo irá sobre la macroeconomía.

La economía en su conjunto

La macroeconomía considera la economía en su conjunto. Y la microeconomía hace lo mismo, sólo que a una escala más pequeña.

A mí lo que me interesa de la macroeconomía son sus aspectos cuyos efectos puedo notar en mi día a día. Por ejemplo, al ir a comprar el pan: el PIB, la inflación, las recesiones; elementos importantísimos que influyen en los gobiernos a la hora de planificar la economía.

La macroeconomía se encarga de medir la riqueza de cada país que se plasma en un índice llamado producto interior bruto (PIB).

El Producto Interior Bruto

El PIB es el valor de todos los bienes y servicios producidos en la economía de un país en un período dado de tiempo (generalmente se toma un trimestre o un año).

El dato que se obtiene es esencial, pues es el que permite comprobar cómo se está comportando la economía: si crece o si, por el contrario, va hacia atrás y entonces más vale que el gobierno de turno tome las medidas oportunas para evitar una catástrofe.

Lo preferible es que el país cuente con un PIB alto y de rápido crecimiento, lo que significa que se dan muchas transacciones económicas que proporcionan a los habitantes los bienes y servicios que desean. Y eso hace que la gente sea más feliz: hay más dinero y puede emplearse no sólo en cosas que obedezcan a nuestro propio interés, sino también en proyectos sociales dirigidos a los menos favorecidos.

Sin embargo, para el PIB computan también otras cosas menos positivas. Imaginemos que una erupción volcánica arrasa San Quirico. Pues nuestro PIB local aumentará a medida que llevemos a cabo la reconstrucción de nuestras casas. Además, un PIB alto y de crecimiento muy rápido suele venir acompañado de mayor contaminación y destrucción de los recursos naturales, y de una mayor desigualdad social.

Aun así, es mejor tener un PIB alto, y de crecimiento constante, a tener otro bajo y en recesión.

Lo que se incluye en el PIB

El PIB debe contabilizar todas las transacciones económicas que se realizan en el período de tiempo a estudiar. Dado que el ingreso tiene que ser siempre igual al gasto, tanto da si se cuenta sumando todos los ingresos o contabilizando todos los gastos. Aunque, los economistas prefieren el sistema de contar los ingresos, por la sencilla razón de que los gobiernos obligan tanto a los particulares como a las empresas a dar cuenta de todo lo que ganan a fin de imponernos los correspondientes impuestos.

¿Y qué ingresos tiene el Estado?

  • Salarios: ingresos que reciben los trabajadores por cuenta ajena por su labor.
  • Rentas: ingresos que reciben los propietarios de terrenos y propiedades inmobiliarias de aquellos a quienes los tienen arrendados.
  • Intereses: intereses proporcionados por el capital, es decir aquellos bienes que sirven para fabricar otros, destinados al consumo. En este caso se incluyen, por ejemplo, los intereses que hay que pagar sobre un préstamo para hacerse con máquinas, automóviles y ordenadores, entre otros útiles de trabajo.
  • Beneficios: ingresos que obtienen los empresarios, que arriesgan su dinero en un negocio.

Estas cuatro fuentes de ingresos están gravadas por impuestos.

Algunas cosas de éstas son más propias de la microeconomía que de la macroeconomía, porque hablan de cosas que tienen que ver con las empresas y las personas; pero por definición la macroeconomía mira la economía en su conjunto, en el que se incluye también la microeconomía.

¿Y qué gastos?

  • El consumo: gasto hecho por los hogares en bienes y servicios, en el país donde se vive o en el extranjero. Todo aquello que compramos. ¡Suma el 70 % del PIB!
  • La inversión: gasto que las empresas realizan en bienes de capital (edificios, fábricas, locales y equipos necesarios para el negocio). Han de ser bienes nuevos, que se adquieran en el año que el PIB contabilizará.
  • Las compras de bienes y servicios del gobierno: aquí entra todo, hasta la libreta en la que la secretaria lleva la agenda del presidente.
  • Las exportaciones netas: las exportaciones realizadas a lo largo de un año (los productos que vendemos al extranjero), a las que hay que restar las importaciones (productos que compramos fuera). Si exportamos más que importamos, tendremos superávit comercial, y si sucede al revés entonces tendremos déficit comercial. Es lo que se llama balanza comercial (ver capítulo 5).

Pero, si no ha habido error a la hora de contabilizar, da igual que cuentes gastos o ingresos: el resultado debería ser siempre idéntico.

¿Cuándo contabiliza el PIB los bienes que yo produzco?

Cuando acaban de producirse. Por ejemplo, una casa. Acabada de construir, la tasan en 250 000 euros; esa cantidad es la que se cuenta como parte del PIB, y tanto da si la vendes, sumará en el PIB del año en que se acabe. Luego se considerará una cosa vieja. Lo mismo vale para coches, zapatos, botellas de agua… Pero, ¿Por qué? porque la venta no tiene nada que ver con la producción, sino que se considera un intercambio de activos (que no cuenta en el PIB) –ver capítulos 10 y 11–.

¿qué puede pasar? Que en un año se produzca muy alegremente, y el PIB aparezca insólitamente alto, pero que no se venda y todo se acumule en los almacenes. De tal modo que,al año siguiente, nuestros empresarios decidan producir menos y acabemos en la recesión. O sea, en un PIB con números negativos…

Así terminamos con el resumen del capítulo 4.

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