Cómo Funciona La Economía Para Dummies – Resumen Del Capítulo 11

Bien, llegamos con otro capítulo resumido del libro de Leopoldo Abadía, el 11.

Sin más, acá lo tienen:

Capítulo 11 – Cómo funciona una empresa

Una empresa necesita un seguimiento constante, un trabajo diario en el que tienes que tener en cuenta cuánto has vendido, cuánto has pagado a los proveedores, incluso cuánto te cuesta abrir la empresa antes de que se te presente el primer cliente.

La cuenta de resultados

Esto, llevar los números al día, se llama cuenta de resultados:

  1. Tu empresa vende suministros por a euros.
  2. Esos suministros te han costado b euros.
  3. La diferencia entre a y b es el margen bruto (c).
  4. c tiene que ser suficiente para pagar:
  5. Lo que cuesta el personal, que es d euros. (A lo que cobra hay que añadir lo que la empresa debe pagar por la Seguridad Social de esas personas).
  6. Lo que cuestan la electricidad, el teléfono, el material de oficina, los transportes… En total, e euros.
  7. Si a c le restamos d y e, queda una cantidad f a la que llamaremos EBITDA, (o resultado de explotación). EBITDA se trata de las iniciales de:
  8. Earnings (beneficios)
  9. Before (antes de)
  10. Interests (intereses)
  11. Taxes (impuestos)
  12. Depreciation (depreciación)
  13. Amortization (amortización)  
  14. A riesgo de ser un pelín inexactos, vamos a considerar que depreciación y amortización son lo mismo.
  15. Pues al EBITDA le restamos los i (intereses) y queda el EBTDA.
  16. Al EBTDA le restamos las d y a (depreciaciones y amortizaciones) y nos queda el EBT.
  17. Pagamos los impuestos y nos queda el beneficio neto.
  18. De ese beneficio neto, el dueño se puede llevar a casa algo (dividendos) y dejar el resto en la empresa (reservas).

Esto es para una empresa su cuenta de resultados; también es el modelo que recomiendo aplicar a la hora de llevar la economía doméstica. En el fondo, todo es lo mismo.

Vender la empresa

Hasta ahora lo de los paraguas no parece haber sido una gran idea.

Pero la realidad es sorprendente y resulta que ahora el negocio ha empezado a animarse. Más aún, va como un tiro. Tanto que el de Myanmar ha tenido que ampliar la fábrica y contratar a doscientos lugareños.

De resultas de esto, he podido devolver los créditos. El director de la caja de ahorros de San Quirico es ahora la cordialidad personificada.

A la bolsa

El dinero llama al dinero, y por mucho que me entre en las arcas necesito más para que la propia empresa siga creciendo. Alguien me dice entonces que por qué no salgo a bolsa.

Salir a bolsa significa vender un trozo de tu empresa, o toda tu empresa. Se abren aquí dos posibilidades:

  • Si la empresa se vende a una persona o a una sociedad se dice que “se ha vendido”. (Negocio con el vendedor).
  • Si se vende a muchas personas a la vez, se dice que “ha salido a bolsa”. (Ofrezco un trozo de mi empresa a la gente).

En cualquier caso, contrato a unos señores de esos que saben valorar las empresas y les pregunto a cuánto puedo vender el 49 %. Uno de ellos me explica que:

  1. Mi empresa está ganando mucho dinero.
  2. Que, lógicamente, seguirá ganando dinero. (Aunque esto puede no ser así)
  3. No se puede comparar mi empresa con otras similares, porque no las hay.
  4. Además, he creado muchos puestos de trabajo en San Quirico, donde están las oficinas centrales y otros muchos puestos de trabajo en Myanmar.

Todo esto son valores que hay que tener en cuenta. Y eso que mi empresa es única en el mundo. Si no lo fuera y hubiera otras y se hubiera vendido alguna, sabría en qué orden de cifras me puedo mover a la hora de negociar una posible venta. A malas, siempre podría recurrir a una fórmula especial: la del PER 10.

Multiplicar por 10 los beneficios

PER está formado por las iniciales de Price Earning Ratio, o sea, la cantidad por la que quieres multiplicar los beneficios a la hora de poner un precio de venta. Así, un PER 10 significará que quieres multiplicarlos por 10.

Yo estaba en el consejo de una empresa. Un día empezaron a hablar de una oferta de compra de la empresa que les había llegado. En aquel momento el presidente, que era propietario de toda la empresa, dijo que él no estaba dispuesto a vender más que por un per 10.

El propietario quería multiplicar los beneficios de su empresa al año por diez años. Quería que alguien estuviera dispuesto a poner 6000 millones que podría recuperar en diez años si el negocio seguía yendo como hasta ahora, es decir, con unos beneficios anuales de 600 millones.

¿Consiguió su propósito? Pues la verdad es que sí, vendió la empresa por un PER 10.

Cuando los compradores son cientos

Lo dicho anteriormente funciona cuando se vende a una sola persona o grupo empresarial. Pero, salir a bolsa es vender la empresa a cientos o miles de personas.

Aunque, el proceso que hay que seguir es el mismo. Se trata de lanzar una oferta pública de venta de acciones (OPV). Hecho esto, se calcula a cuánto se puede intentar vender, se hace un poco de publicidad que alardee de lo bien que va la empresa y normalmente te dicen que las acciones se pueden vender entre XX y ZZ euros (la horquilla). Tú entonces calculas el 49 % de XX y el 49 % de ZZ y, si te gusta, aceptas. Si no te gusta, dices que por las condiciones del mercado retrasas la salida a bolsa.

Pero imaginemos que saco la empresa a bolsa, y todos felices si ese trozo de compañía que se pone a la venta, concretado en acciones, se vende bien.

Pero no todo es de color de rosa

Hemos hecho un buen negocio, aunque pueden ocurrir varias cosas:

  • Que si el propietario se ha quedado con el 51 % se crea que todo es como antes. No lo es porque tiene 3000 accionistas que quieren que la empresa vaya bien… quieren dividendos, y además quieren que suban las acciones.
  • El ex propietario de todo tiene ahora que informar a la Comisión Nacional del Mercado de Valores cuando se producen hechos relevantes; por ejemplo, si decide vender un 7 % del 51 % que le ha quedado.
  • Que se dé el síndrome del next quarter, que quiere decir que, como los accionistas exigen que las acciones vayan bien, los directivos tienen tentaciones de hacer alguna trampilla contable para que los resultados del próximo trimestre sean brillantes.
  • Que el propietario saque a bolsa el cien por cien. En ese caso, el viaje a las Bermudas está casi asegurado.
  • Que los accionistas exijan que el ex propietario se quede de director general porque lo hace muy bien. Si él se lo cree y sigue, puede creer que todo es como antes: que puede hacer y deshacer como cuando era el dueño de verdad. Pero ya no lo es, porque debe rendir cuentas ante un consejo.

Dicho esto, ¿qué me dices? ¿Vendo o no vendo mi empresa de paraguas?

Bueno, y hasta acá el resumen de hoy.

¿¿No te gustaría perderte ningún resumen más? Bien:

Un saludo, lector.

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